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Es
Semana Santa en Ceuta,
y todos los rincones de la ciudad se convierten en punto de encuentro de
emociones, aromas y nostalgias. Después de un año de trabajo, preparación
y reflexión, las hermandades están dispuestas para realizar aquello que
les confiere su esencia y perfección: la estación de penitencia a la Santa
Iglesia Catedral. Ya la Semana de Pasión, desde el Domingo del Pregón
hasta el de Ramos, cuando los ceutíes miran al cielo y dan gracias a Dios
por poder estar en esta tierra un año más, anuncia la llegada de un estado
de gracia inusual.
Las vísperas se
convierten en permanente espera, puente para encadenar vivencias, ritos y
la fe profunda de una ciudad mariana que busca más allá de la muerte de
Cristo la salvación de la Resurrección. Cada día es un paso más hacia la
agonía.
Ceuta, cirinea,
acompaña a su Dios por las calles y enjuga las lágrimas de su madre en el
pañuelo de las túnicas y los costales. La gloria ha llegado al corazón del
cristiano. Es Semana Santa en Ceuta.
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